manualidades recicladas, manualidades fáciles, libros leídos, cuentos leídos

Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

13 de octubre de 2017

No alcanza.





Hoy despuntó el día con uno de los paisajes que más me gustan: en ese fondo infinito, las sierras recortadas en azul penetrante, coronadas por nubes blanquísimas que se disponen a huir de su encierro de lluvia. Son como plumas enjauladas que empiezan a volar su destino de viento, libre de ataduras mojadas de aguaceros.
Pero no hay felicidad. Esta vez no. No alcanzan las sierras azules, violetas, encantadas. No alcanza el frío de la mañana en la piel ni el canto prometedor de los pájaros que se deleitan escarbando en la tierra húmeda. No alcanzan las últimas gotas de agua que, brillantes, se resbalan de las hojas húmedas y lustrosas.
Y así los días, uno tras otro, con su trajinar incesante, monótono y desgastante, agobiante, doloroso; una rutina que oprime, que aplasta y empobrece.

Y que parece no tener fin en ese abismo infinito que se abrió hace tiempo para quedarse eternamente.

                                                      María Nieves Acero

24 de abril de 2016

Corbata.


¡Mi Corbatita! Pestañas blancas y hocico nevado.

Ayer te fuiste, mi pobre pichicha, al cielo de los perros y los gatos. Sin dudas te fuiste ahí, como todos los bichitos que pasaron por acá. Sin dudas, porque fuiste una perra buenísima, que con esos ojitos oscuros y suplicantes te hiciste valer para quedarte en casa.

Viniste un día hace casi dos años. Entraste por algún hueco del alambrado.  Primero te quisimos sacar, porque ya no queríamos tener más perros... Pero no hubo caso. Tus patas no obedecieron ninguna orden y tus ojitos hicieron el resto.

¡Corbata! Tu nombre te lo pusimos por esa hermosa corbata blanca sobre tu pelo negro. Un pelo de perra vieja, medio duro y muy sucio.  Llegaste con unas terribles marcas en el cuello y en la cola, sin pelo, que mostraban a claros ojos que te habían tenido atada mucho tiempo.  Y llegaste también enfermita, de cáncer, pobrecita.

Y te empezaste a poner peor. Te operamos dos veces. Te pusiste mejor de tu pelo, engordaste y moviste mucho la cola. Hasta corriste y saltaste de alegría varias veces.

Una vez, cuando Rubi te mordió la oreja, casi te desangrás. Un mar de sangre en la cocina. Hicimos de todo para taparte esa arteria. Un 31 de diciembre, mientras todos los veterinarios festejaban fin de año y nuestro pariente comían un asado... Con Elián, los inventos de Nehuén y Eduardo buscando en Internet qué hacer, , pudimos parar la hemorragia. Terminamos a las dos de la mañana.       
Al tiempo, no sé cómo ni para qué, te pasaste a la casa de al lado donde hay dos ovejeros. El macho es un chinchudo irremediable, y la hembrita lo copió. Casi te matan. Te salvó el vecino de la otra casa que pasó con una escalera y pudo distraer a los ovejeros mientras papá te arrastró por abajo del alambrado.
Volviste a mover la col despacito cuando te recuperaste.

Y después esos tumores, que empezaron a crecer como locos. Pobre pichicha. Ya casi no podías echarte del dolor. Te dimos desinflamatorios y calmantes. Estuviste adentro de cas tus últimos días, mimada y calentita.  Pero hacía ya cuatro días que no comías ni tomabas agua. La última noche te quejaste mucho. Te dolía. Los calmantes ya no te hacían efecto.

Y después, te fuiste, hermosa, a estar tranquila y correr y saltar, y jugar y a mover la cola al cielo de los perros. Yo te conté que podías jugar con todos nuestros buenos y hermosos pichichos y gatos que ya no están con nosotros: Pelusa, Hachi, Toby, Perla, Pomelo, Benito, Tino, Fénix, Lila, Luna, Reina, Manchita, Canela, hasta Felipe... y León. Te dije que si los otros te molestaban o te hacían rabiar, te refugiaras con Leoncito, el perro más bueno del mundo, que también vino viejo y enfermo como vos y nos demostró su agradecimiento de una forma inolvidable. Mi rubio precioso. Todos ellos vinieron solos, cachorros tirados o viejitos abandonados o de la protectora de animales. Fueron los perros y gatos más queridos y agradecidos del mundo.


Y ahora te fuiste vos, Corbata, pestañas blancas y hocico nevado, mi perrita vieja , de ojitos cansados.

6 de agosto de 2015

Hornalla encendida



Habíamos terminado de comer. Era mediodía. Cada uno fue dejando sus cosas para lavar en la pileta y se fue del comedor.
Me acerqué a la mesada repleta de platos, cubiertos, cacerolas…No sabía por dónde empezar.  No había lugar para todos los cacharros, así que puse algunos sobre la cocina. Miré por la ventana, y, tras un suspiro empecé la tarea; primero acomodando un poco, organizando.
A través de vidrio se veía el día seminublado, las plantas, el cielo paliducho.
Había un poquito de viento, se ve, porque se movían las ramas de los siempreverdes.
Mientras miraba, empecé a enjabonar las cosas. Una, dos, lentamente todas. El único sonido era el del chocar  de los platos y vasos.
En un momento vi que los vidrios estaban un poco grises. Ahumados, diría yo. Estaba lavando con agua fría, así que eso no era vapor.
Seguí con mi tarea sin darle importancia.
Al rato me vi literalmente sumergida en un mar de humo; un humo blanco, espeso, asfixiante y acre.
Lo último que recuerdo es mi mano humedecida y chorreante de espuma tratando de abrir la ventana, que se aferraba ferozmente a su pestillo para permanecer cerrada.
No recuerdo bien… Creo que vi caer la mano sin fuerzas…

Sobre la hornalla de la cocina, apenas encendida, humeaba desesperadamente la perilla de la tapa de la cacerola que había quedado sobre el fuego, levemente encendido. 

María Nieves Acero
14-3-15

Enero


Verano. 
Enero. 
Tiempo muerto. 
Tiempo calcinado por el calor que abruma desde la mañana. El ventilador de techo hace titilar la luz sobre la madera del mueble y a pesar de su esfuerzo, sólo mueve el aire caliente de un lado al otro. La mañana avanza con su pesadez de domingo, con su soledad. Un mate me acompaña; y las palabras. Nada más. Pesadez de enero. Domingo de enero. Tiempo muerto. 

María Nieves Acero
 25-1-15